Hallan en ballenas un respiro contra el cambio climático

Las carismáticas ballenas, de las que existen alrededor de 20 especies dentadas y de barbas filtradoras en el mundo, son parte de la solución al cambio climático, por una razón que recientemente descubrieron los biólogos marinos, y que obliga a la humanidad hoy más que nunca a garantizar su protección y conservación.

De acuerdo con nuevas investigaciones científicas publicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), estos gigantes del océano, capturan una importante cantidad de carbono a lo largo de su longeva vida de entre 60 y 200 años.

El cálculo es que las ballenas atrapan 33 toneladas de CO2 en promedio durante toda su existencia, por lo que un sólo ejemplar de gran tamaño nos brinda servicios ambientales similares a los de un bosque con mil 500 árboles.

Jorge Urbán Ramírez, uno de los científicos que más saben de ballenas a nivel global, explicó a Excélsior que estos increíbles seres, pueden almacenar su peso en carbono, que capturan cuando se alimentan de zooplancton (pequeños crustáceos adultos y larvas de animales).

¿Cómo funciona?

Detalló que el carbono del zooplancton, – que a su vez come fitoplancton, microorganismos que absorben CO2 y expulsan oxígeno -, termina acumulándose en el cuerpo de las ballenas, en sus órganos, músculos y grasa.

Por ello, cuando estos gigantes de los mares mueren y se hunden, permanece atrapado el llamado carbono azul en el fondo marino durante siglos.

Las ballenas consumen el zooplancton, concluyendo esta cadena alimenticia, por lo que el carbono lo atrapan directamente de su comida. Hay que aclarar que por supuesto que ellas consumen más de 33 toneladas de carbono durante su vida, esa cantidad la pueden comer en 10 días, es decir, que las 33 toneladas que acumulan es lo que va quedando en su organismo, porque igual que nosotros defecan”, indicó.

El responsable del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), subrayó que el excremento de las ballenas, rico en hierro y nitrógeno, sirve por su parte, como fertilizante natural para las poblaciones de fitoplancton, esas criaturas microscópicas que contribuyen con alrededor del 50 por ciento de todo el oxígeno de la atmósfera y capturan 37 mil millones de toneladas de CO2, casi el 40 por ciento del dióxido de carbono producido en la Tierra.

Lamentablemente, después de décadas de caza comercial de ballenas, se estima que sus poblaciones se redujeron a una cuarta parte, es decir, que quedan aproximadamente entre 1.3 y 1.5 millones de individuos en todo el mundo.

Urbán, doctor en Ciencias, señaló que las especies más vulnerables y en peligro de extinción son la ballena franca del Pacífico Norte, de la que no quedan más de 300 individuos y la ballena franca del Atlántico Norte con alrededor de 500 ejemplares.

En este sentido, el FMI estima que si las poblaciones de ballenas regresan a su número anterior, es decir, de cinco a seis millones, “podría aumentar significativamente la cantidad de fitoplancton en los océanos, y el incremento de apenas 1 por ciento permitiría que se capturaran cientos de millones de toneladas de CO2 adicionales al año, equivalente a la aparición repentina de dos mil millones de árboles adultos”.

Caza comercial

En el Siglo XX se cazaron aproximadamente dos millones 24 mil ballenas para aprovechar su carne como alimento o su grasa con el fin de elaborar jabones y combustible.

Del Rorcual común se mataron 874 mil individuos, de la ballena azul, el animal más grande del planeta, 380 mil y del Cachalote 770 mil.

Tan sólo de estas tres especies murieron 55 ejemplares por día a manos de flotas pesqueras, a lo largo de un período de 100 años.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la carne de ballena se convirtió en una fuente vital de proteínas en Japón. En 1964, los nipones consumieron 154 mil toneladas.

En los años 70 y 80, la ballena frita era un plato común, que se servía para el almuerzo en las escuelas.

Para 2017, los japoneses ya sólo comían tres mil toneladas, que equivalen a dos cucharadas de carne de ballena al año por persona, lo que se espera termine pronto una vez que el gobierno retire los subsidios para su pesca.

En la actualidad, Japón, Noruega e Islandia son los tres países que todavía cazan ballenas con fines industriales.

La cuota de ballenas en Japón en 2020 fue de 120 ejemplares en el caso de la ballena Minke (Balaenoptera acutorostrata), 150 para la Bryde (Balaenoptera brydei) y 25 para la Sei (Balaenoptera borealis), según el Instituto de Investigación de Cetáceos de Tokio.

Nuevas amenazas

A pesar de la disminución en la caza comercial, las ballenas aún enfrentan graves peligros mortales como la colisión con barcos por el tráfico marino, la interacción con redes de pesca y el ruido submarino.

Un factor muy importante que vive un boom a nivel mundial es la problemática de los plásticos, que apenas se está evaluando, pero que provoca la muerte de ballenas que tragan grandes piezas y mueren ahogadas o los microplásticos que se alojan en sus organismos ocasionando un daño progresivo a su salud.

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